martes, 4 de mayo de 2010

Piensa por ti mismo/a.

La influencia de un grupo puede ser en muchos casos un freno para nosotros mismos. Pensar como la mayoría no tiene nada de inteligente o de interesante. Esto pasa en todos los ámbitos, política, música, ideologías, la gente se aferra a las ideologías de los demás para no sentirse desplazado, pero yo quiero hablar de algo en concreto: Cuando la ideología de un grupo de amigos interfiere en las relaciones sociales.
Que uno de los componentes de un grupo se lleve mal con alguien esto no significa que el resto por inercia deba hacer lo mismo. Si no conocemos a la persona juzgada, o la conocemos pero no lo suficiente, no tenemos que cerrarnos a ella por ese motivo. La fuerza de un grupo social hace que se creen rivalidades basadas en supuestos y creaciones verbales a partir de puro humo. La gente siempre merece una oportunidad y más cuando a nosotros no nos han hecho mal alguno.
Vivimos en un país al que le fascina el cotilleo, no nos engañemos, es así en la mayor parte de los casos. A la gente le encanta hablar de los demás, un amigo puede hacer que nos caiga mal otra persona o que lo veamos ridículo simplemente con sus comentarios hacia dicho individuo. Pese a que crecemos y somos adultos sigue pasando lo mismo que cuando iba al instituto.
Recuerdo como marginaban socialmente a uno de los que hasta ahora sigue siendo un buen amigo mío. Se reían de él porque estaba gordo y porque estaba mas aniñado que los demás. Le hacían bromas de mal gusto todo el tiempo, apenas hablaban con él, las chicas ni se le acercaban. Yo nunca he sido popular, estaba entre la gente que pasaba desapercibida, y a mi el muchacho me caía bien, no entendía porqué lo humillaban de esa forma, porqué le hacían el vacío. La cosa llegó a tal punto que en varias ocasiones interferí para evitarle alguna paliza ya prevista por los chulillos de la clase.
Aún más cruel recuerdo en mi niñez a una niña a la que llamaban “Carmen, la pestosa”
Era una chiquilla que vivía de la caridad de las monjas. No tenía familia o esta estaba desestructurada. Las monjas no las cuidaban bien porque a veces olían mal las niñas o estaban desaliñadas. Esta chica sufrió vació en clase desde que entro en 1º hasta que salió en octavo. La clase participaba de burlas y toda clase de vejaciones hacia esa niña. Yo jamás formaba parte de ellas. Si me tenia que sentar a su lado con gusto lo hacia, y me importaba un carajo que el resto siguiera la corriente a los demás.
Volviendo más al presente, hace unos años me vi metida en una especie de complot sin comérmelo ni bebérmelo. Entre dires y diretes me metieron en una historia en la que decían que yo había dicho cosas sobre una chica que apenas yo conocía. El caso es que me hicieron el vacío, y yo decidí alejarme de esa gente porque al fin y al cabo no eran muy importantes para mí. Los mas adultos no entraron al trapo, hoy me llevo estupendamente con todos ellos, pero claro estamos hablando de personas de 30 y pico años. De los jovencillos no sé nada, les perdí la pista, pero que tampoco he hecho por retomar ningún tipo de relación con ellos.
Hay otro factor importante en todo esto: La educación. A mi me tienen que hacer algo muy gordo para que yo le retire el saludo a una persona y hasta ahora en todos los años de mi vida sólo me ha pasado una vez. Pues bien, imaginaos todo un grupo que le retira el saludo a alguien por el simple hecho de que uno de los componentes decide hacerlo. ¿Absurdo no creéis? Sé hasta que punto puede llegar la presión social llevando al individuo quizás parcial, entrar al trapo por el simple hecho de “o estas con nosotros o estas contra nosotros” Y digo yo, ¿que clase de amistades son esas que te hacen elegir como si formaran parte de una mafia?
Somos seres sociales y libres. Tenemos criterio propio. Pensar no cuesta dinero, ni tener tus propias ideas tampoco.
-Las parejas:
Cuando una pareja se rompe, parece que hay que posicionarse de un lado o de otro. Si tengo una pareja de amigos y me entero de que el chico le pega a la chica, esta claro que la amistad con el chico no me interesa. Pero si ya son cuestiones entre ellos, aunque hayan acabado mal, eso a mi no me concierne. Si ninguna de las dos partes me ha hecho nada a mi, ¿quien soy yo para juzgar y desaprobar a una de las partes?
Viví con un chico durante un año y pico, éramos pareja. Él se integro perfectamente en mi grupo de amigos. Cuando la historia se acabó no busqué que mis amigos lo rechazaran, al contrario. Les anime a que si querían quedar con él me parecía estupendo. Han pasado un par de años de esto y tengo una relación muy cordial con mi ex. De hecho lo veo y le pregunto que tal esta él y su familia. No guardo nada de rencor porque odiar a alguien es una pérdida de tiempo y algo que sólo te va a hacer daño a ti mismo y no a la persona que odias. Una pareja puede llegar a hacerse mucho daño, son los efectos colaterales del amor, y a no ser que de por medio haya malos tratos, ese dolor que padecen es exclusivamente de ellos. Por desgracia, la gente no se mantiene indiferente y escucha una y otra vez los lamentos de una persona herida. ¿Qué pasa con esto? Pasa que si te tira mas una parte que otra, terminas por cerrarte a la otra persona. Lo mas gracioso del asunto es que en muchas ocasiones la ruptura no es definitiva. Tú te metes en algo que no te incumbía, te cae mal esa otra persona y resulta que tu amigo/a ha arreglado sus diferencias y tú a causa de dejarte llevar, ya que no es amor lo que la otra persona te inspira, te sigue cayendo mal, sin razón alguna. Lo que también puede llegar a un distanciamiento de las amistades que se posicionaron en su momento, con lo cual puede llegar incluso a la pérdida de las relaciones con ambos miembros de la pareja.
Todo esto me parece terriblemente infantil. Pero así actúan muchísimas personas. Se dejan llevar olvidando su propio criterio y lo que es peor, que esa persona no te ha hecho absolutamente nada a ti.
-Las apariencias:
Un comentario, una forma de vestir, una forma de comportarse en un determinado momento puede hacer que en cuestión de minutos una persona te caiga mal. Todos tenemos un mal día, o hacemos comentarios indebidos alguna vez, pero esas simplezas no forman parte de todo lo que somos nosotros. La mojigatería es otra cuestión de la que tengo que hacer especial hincapié. He comprobado a lo largo de mi vida como gente de mi edad rechaza de forma machista (tanto hombres como mujeres) a féminas que gustan de ataviarse con vestimenta provocativa. O gozan de una libertad sexual sin tapujos. Los comentarios “esa es un putón” siempre me han raído las tripas. Si no se hace daño a otra persona con esto: ¿Por qué hay que posicionarse hacia la perspectiva de nuestro entorno? ¿A caso no vivimos en una sociedad libre en la que cada uno puede expresarse, vestirse o actuar (sin hacer daño a nadie) cómo desee? La envoltura no representa a una persona, una persona se compone de muchísimos mas valores, por tanto, si mi entorno rechaza a otro/a por este motivo, yo personalmente no sigo la dinámica del grupo. Si no que si tengo ocasión de conocer a dicha persona, la conoceré librando mi mente de prejuiciosos comentarios para decidir por mi misma si me es grata o no.
En conclusión, no vivimos en el país de las gominolas en el que todos debamos ser amigos de todos, pero al menos sí pensar con nuestro propio cerebro, sí pensar con nuestro propio razonamiento y no con el que nos presta nuestro entorno o grupo de amigos.

L.R.L.

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